sábado, 1 de enero de 2011

Vender libros no es delito.



Debemos seguir siendo libres.

Nos presentamos cada día ante una nueva cara de la represión de “las libertades democráticas”. Esta no es nueva. No es la primera vez que juzgan a un librero que comete “el delito” de vender libros que la democracia no desea que se lean o siquiera existan.

El sistema, abanderado del libre pensamiento, nos dicta el qué pensar, y hasta sentir, y cual es el principal alimento de la mente: la lectura.

Ese mundo infinito, latente, más nuestro que la propia palabra, más parte nuestra que una de nuestras manos, donde la libertad es real, donde todo está a tu justa medida, donde cada página te muestra un nuevo pedazo de ti que desconocías. Cada libro es un universo que se abre ante tus ojos, en el simple papel, con palabras que se mecen en renglones, y letras que se unen para decirte lo que quieren y al final te poseen, las posees.

Un libro es como la manzana que te comes, una vez que la has empezado y hasta que la has terminado, es ya parte de ti. El libro desde que empiezas hasta que lo acabes empieza a ser parte de ti, pero en esta ocasión, de tu mente, de tu manera de ser, actuar, hablar...

Cuanto más es el saber, mayor es la libertad del hombre. No es solo la fuerza física la que movió o cambió los imperios, o un simple ser humano. La palabra, es la que movió las masas, es la que cambió mentes y sociedades. Un simple libro, un simple pensamiento que -hombre o mujer- decidió un día escribir.

Hoy en día hay a quienes les condicionan qué puerta pueden abrirnos, qué universo visitar y que movimientos se pueden permitir.

Vender un libro es delito, hay una lista negra que no se puede transgredir, esa es la libertad. Llegamos a los límites alemanes donde te penan con 5 años de cárcel por poseer un Mein Kampf, poseerlo, no digo profesar dicho ideal, portar armas equivale a 3 años de cárcel. Así es, es más peligrosa la idea, que el arma que aprieta el gatillo en segundos en las manos de cualquier loco.

Todo esto viene a que os pido ayuda para esos libreros.

Si no fuera por ellos no podríamos leer un “Almas ardiendo”, “Nuestras ideas”, “Las obras completas de José Antonio” y tantos otros libros.

El simple gesto de que este sábado no salgas a tomarte un refresco o ir al cine, o lo que quiera que hagas y ese dinero lo emplees en comprarles un simple libro, les ayudará sufragar gastos en juicios y compensar los expolios que sufren en cada secuestro de literario policial.

Sin esos libros, sin esos libreros, nos quedan los cabezas huecas, esos no son los que molestan, molestan los que les venden libros para que sepan cuáles son las verdaderas ideas, actitud y ética que deben llevar en su día a día.

No dejemos que los ideales mueran en estantes rodeados de barrotes, liberemos el saber y la conciencia de los que un día nos dieron un amor por la patria, por nuestra cultura, por nuestra identidad que defender. Sigamos siendo libres.

Librería Europa
Ediciones Nueva República

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